TOURTIER-BONAZZI, CHANTAL
La diferencia en las fuentes exige del historiador una renovación del aparato metodológico, e incluso del utillaje técnico. Como la principal herramienta de obtención de datos es la entrevista, es su registro adecuado la primera preocupación del investigador. Lo de menos quizá es el procedimiento técnico que puede sofisticarse cada vez más con la sofisticación de los soportes (los tradicionales apuntes y las grabaciones magnetofónicas de los años 1970 o las grabaciones en video).
El historiador-entrevistador debe procurar influir lo menos posible a la hora de recoger los testimonios, pues si no se produce una alteración evidente de los mismos: la utilización de conceptos, categorías o hasta hechos o interpretaciones de los hechos que el entrevistado ha obtenido de su contacto con él y no de su experiencia personal. Es lógico que cualquier entrevistado tenga tendencia a contar lo que cree que su entrevistador espera oír de él. La tarea propiamente historiográfica e interpretativa, que corresponde al historiador, ha de ser posterior, tras haber reunido un corpus suficiente de material, que debe utilizar con respeto, pero sin renunciar a la crítica, como a cualquier otra fuente documental. Asimismo, deben contrastarse las fuentes y no renunciar a la utilización como apoyo de otras especialidades históricas.
La implicación del alumno (en muchas ocasiones a través de su familia) en el tema concreto que se está estudiando plantea además el problema de la objetividad y la subjetividad en los estudios históricos. La entrevista de historia oral es el recurso mediante el cual el alumno-entrevistador (en este caso) recupera las experiencias almacenadas en la memoria de los entrevistados y las registra en una grabación. Por lo tanto, en la entrevista participan tanto el entrevistado como el entrevistador; éste último “busca”, en la memoria individual del entrevistado a partir de un cuestionario en cuya elaboración participó en forma activa y consciente.
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